La huelga general fue muy importante: paralizó de
forma absoluta la gran industria, con menor repercusión
en la pequeña y mediana empresa, autónomos y
servicios. La actividad en los polígonos industriales y el
transporte se redujo a los mínimos, mientras las manifestaciones
de la tarde sumaban cientos de miles en
las grandes ciudades, más de un millón en todo el estado.
La gran tarea es que la huelga no quede aislada
como un acto de protesta, que tenga una continuidad.
Lo decisivo es saber si la movilización del 29M abre un
nuevo periodo de movilizaciones a todos los niveles,
generales, de sector o de empresa... Ésta es la cuestión
que decidirá la valoración final de este 29M.
Como siempre antes, el Gobierno de turno minimiza
la huelga diciendo que no va a cambiar un ápice su
política. Para cerrar filas y evitar cualquier tentación, el
ministro de finanzas alemán salía en defensa del Gobierno
del Partido Popular: «La huelga general no tuvo
bastante apoyo como para impedir
que el Gobierno continúe
con las reformas, que son necesarias». Las clases dominantes
y sus gobiernos temen la huelga
general como una acción que
une lo que ellos llevan tiempo intentado
dividir: la clase obrera.
Al día siguiente de la huelga,
Rajoy presentaba los «presupuestos
más duros y restrictivos
de la democracia». Descenso de
los gastos en un 9,6%, aumento
de los ingresos en un 12,5% .
Pero hay quien sigue ganando y
quienes pagan la factura: gana
la banca con una deuda que ya
consume el 9’5%, un capítulo de
gasto mayor que todos los salarios
de las y los trabajadores públicos.
Le siguen los fondos de
rescate bancario y del FROB y la aportación al «plan
de rescate» a Grecia. También las grandes empresas,
en aplicación de la última reforma laboral y, en particular
las eléctricas, reciben aportaciones y la subida de
tarifas. Para completar, las grandes fortunas pueden
acogerse a la amnistía fiscal.
A más fuertes se ven los «mercados» -es decir la
gran banca internacional- con más ahínco exigen más
y más, bajo la amenaza de desestabilizar cualquier estado
y llevarlo a la quiebra. La subida de la llamada
prima de riesgo a la deuda española es un suculento
negocio que consiste en ir tomando dinero público del
BCE al 1%, en la llamada «barra libre», mientras exigen
el pago del 5, 6 o 7% a los estados que necesitan
financiación. Pero tanto tirar de la cuerda, puede romperla.
La enorme presión sobre los Gobiernos para imponer
durísimos recortes, empuja a la recesión, y esta
que ya se ha instalado en Grecia, Portugal y el estado
Español, amenaza extenderse a toda Europa.
El PP ha podido constatar el coste político que tienen
sus medidas y cómo el crédito electoral se gasta rápidamente al ritmo de subidas del IRPF, reformas laborales...
como se ha visto en las elecciones andaluzas y
asturianas. Rajoy mantiene una cómoda mayoría absoluta
en las Cortes para sacar adelante decretos y
leyes, y una gran mayoría de gobiernos autonómicos y
ayuntamientos, pero ese poder no le asegura un gobierno
fácil ni tranquilo.
La huelga sirvió de nuevo para constatar el papel
determinante que tienen aun las direcciones de CCOO
y UGT, una referencia indiscutiblemente mayoritaria en
las zonas industriales. Esto debiera hacer reflexionar a
los sectores de la izquierda que confunden las críticas
hacia CCOO y UGT -que las hay, y muchas- con una
verdadera ruptura de la clase obrera con ellas. Con la
huelga del 29M las direcciones de CCOO y UGT han
recuperado la iniciativa que había pasado a manos de
movimientos como el 15M. Tan real es el entreguismo
de las direcciones de CCOO y UGT como que no puede
haber una política para el conjunto de la clase obrera
sin tenerla hacia los dos grandes sindicatos.
¿Qué van a hacer ahora CCOO y UGT? Vuelven a
pedir negociación, pero el PP y el Gobierno han dejado
claro que el tronco esencial de la Reforma es
innegociable. Dan otro plazo más
hasta el 1º de mayo, dan otra
vez tiempo al Gobierno para recuperarse
y difuminar el impacto
de la huelga general. Quieren
movilizaciones para obligar a
Rajoy a sentarse en la mesa,
pero temen un proceso continuado
y progresivo que pueda llevar
a una clase obrera temerosa de
perder el trabajo pero que manifiesta
un profundo malestar, a sobrepasar
su control.
Hay que seguir exigiendo la
continuidad a la huelga general
para echar atrás la Reforma Laboral,
para derrotar la ofensiva
capitalista generalizada contra
los trabajadores y trabajadoras.
Estos objetivos son inalcanzables
sin un Plan de lucha progresivo
que incluya nuevas convocatorias de huelga general.
Hay que preservar y dar continuidad a los comités
que se han construido para la huelga general discutiendo
un balance y su continuidad.
Pero la salida no sólo es de rechazo contra las medidas,
sino también de política alternativa: porque o se
paga la deuda a los banqueros o se mantienen salarios,
pensiones, servicios públicos y se hace un plan de
generación de empleo. Nuestra opción es clara: que
no se pague la deuda, primero es la gente. Del mismo
modo que en los años 90 se extendió por toda América
Latina esa exigencia, hoy se desarrolla en Grecia o
Portugal. Y esta elección debe estar en manos de la
mayoría, de la población:
REFERÈNDUM YA. NO AL PAGO DE LA DEUDA.