La dimisión de Crespo de la secretaría general de la USCOB (Unión
de Sindicatos de Comisiones Obreras del Barcelonés) añade un elemento
de crisis en CCOO que exige una reflexión e impulsar un
reagrupamiento por un giro a la izquierda en el sindicato.
El compañero Crespo sitúa como
un motivo no central pero importante,
la necesidad de ser coherentes
con el llamado a la huelga general y
enfrentar el “quieren acabar con
todo” siendo “imprescindible planificar
y continuar con el proceso de
movilización iniciado”. Para nosotros
éste es el motivo central, CCOO
debe dar continuidad, presentar un
plan decidido de lucha, y la dirección
se niega a hacerlo. La huelga
sirvió de nuevo para constatar el
papel determinante que tienen todavía
CCOO y UGT, sobre todo en
las zonas industriales. Con la huelga
del 29M las direcciones de
CCOO y UGT han recuperado la
iniciativa que había pasado a manos
de los movimientos como el
15M. Tan grande y real es el
entreguismo de las direcciones de
CCOO y UGT como el hecho de
que no puede haber una política de
conjunto hacia la clase obrera sin
tenerla hacia los dos grandes sindicatos.
Para Crespo, el motivo determinante
es cómo CCOO ha decidido
enfrentar la crisis económica interna,
las dificultades para reactivar la
militancia y ganar en credibilidad
como sindicato. Para él todo se relaciona
con el no respeto de las instancias
formales del sindicato, el
funcionamiento por instancias informales
que permiten la concentración
del poder del sindicato en “unas
pocas manos” “y se produce una
deriva autoritaria con gestoras,
expulsiones y sanciones, a base de
interpretar torticeramente los estatutos,
ante cualquier conflicto o discrepancia,
sin valorar los costos sindicales
que se pueden derivar.”
Efectivamente, en CCOO se desarrolla
un proceso de concentración
del poder a espaldas de los afiliados/
as y de los trabajadores/as en
general, un proceso de
burocratización que no viene del último
congreso como señala Crespo,
sino de mucho antes. La forma
en que la CONC impuso el ERE (ver
LI 115) contra sus propios trabajadores/
as es incompatible con cualquier
“credibilidad” sindical y propia
de cualquier patronal. Se pone por
delante el despido de compañeros/
as como forma de resolver la reducción
de ingresos, se presiona -como
toda patronal- sobre el comité de
empresa que acabó cediendo a
pesar de la posición firme de las primeras
asambleas. No se quiso poner
sobre la mesa las cuentas del
sindicato ante los afiliados para abrir
un debate de qué priorizar y cómo resolver la situación. O en otros momentos, y no nos viene de nuevo, se llevaron
a cabo medidas burocráticas con la línea de eliminar cualquier diferencia que
existiera dentro del sindicato y que les impidiera continuar con la política de colaboración
con la patronal. Es repugnante que un sindicato como CCOO, "insignia
del pluralismo de ideas y democrático", suspenda a sus delegados por luchar
contra el fraude de ley y a favor de los derechos de los trabajadores, por encima
de otros intereses sindicales.
El aparato dirigente no quiere sorpresas que pongan en cuestión su poder y
privilegios. Así, nos hemos encontrado a lo largo de este tiempo con interminables
documentos, desconocidos por la mayoría de afiliados, y con asambleas
que en dos horas discuten tres o cuatro procesos congresuales y eligen delegados,
en un sindicato donde los mecanismos de participación son prácticamente
nulos y donde la desmovilización imperante tampoco facilita la participación de
los afiliados. En estas circunstancias, y con la honrosísima excepción de aquellas
empresas con activistas sindicales que luchan cotidianamente por otro modelo
sindical, la discusión y elección de delegados se limita al aparato y al círculo
cercano de delegados de su influencia. Y así lo hemos denunciado.
Y porque ese proceso de burocratización del sindicato viene desde lejos, no
es de extrañar que cueste ahora esa reacción que Crespo esperaba de la
militancia, y que es del todo imprescindible. No, no es la militancia y su pasividad
la responsable de las derivas sindicales, sino al revés: durante años se ha gestado
un sindicalismo de profesionales, de gestores, alejado de asambleas, alejado del
debate y de la discrepancia, alejado del control de la base. Y esa deriva burocrática
estaba al servicio de un sindicalismo que no ponía en el centro la movilización
de los trabajadores/as sino el pacto.
No hay ninguna posibilidad de volver a conseguir una mayor reactivación sindical
sin poner el sindicato al frente de la lucha para parar los planes del Gobierno,
sin reactivar los procesos de base, también en las empresas y centros de
trabajo. La solución no es organizativa, es poner a CCOO como m o -
tor de la respuesta obrera a la ofensiva del capital, es desde
ahí que se puede empezar a solucionar el resto: enfrentar
la deriva autoritaria, llamar a la militancia a la participación,
oponernos a las sanciones, exigir
la readmisión de los compañeros/as despedidos/
as, denunciar la política sindical
y la desmovilización…
No hay espacio para la “desesperanza sobre
el devenir futuro del Sindicato en Catalunya”, hay
espacio para llamar a todos los afiliados a reagruparse,
para imponer un giro a la izquierda, exigir un
plan que contemple nuevas huelgas generales, un plan abierto al debate
con los demás sindicatos, sin sectarismos, un plan que se debata en los
centros y asambleas de trabajadores/as… Es imprescindible un profundo giro
hacia un sindicalismo de clase, movilizador y democrático, tenemos que aprovechar
los procesos congresuales, las movilizaciones, incluso en las adversas
condiciones actuales, para agrupar fuerzas en torno a propuestas que den una
salida favorable a las reivindicaciones más urgentes de la clase trabajadora y
combatan por la regeneración del sindicato. Con este propósito, la corriente de
opinión de las comarques gironines ha ido marcando una línea crítica y de propuestas
de lucha sindical dentro de CCOO que puede servir para hacer un
llamamiento de coordinación de una corriente crítica e impulsar un instrumento
de lucha contra las posiciones de la burocracia sindical.
Por tanto, estamos convencidos de que nos seguiremos viendo en esta lucha.
Miquel Blanch y Alfonso Enrique - afiliados a CCOO y