Desde que se identificó el nuevo
virus del tipo A, la denominada
«gripe nueva» hasta el 15 de
septiembre han muerto por su
causa 137 personas en Europa y
3.559 personas en todo el mundo
–contabilizadas ya las víctimas
del hemisferio Sur que han
sufrido el primer invierno con la
nueva gripe. Desde mediados de
septiembre ya no es posible
hacer el seguimiento de las
personas que tienen la gripe A y
las muertes por su causa puesto
que la OMS no las contabiliza por
separado sino conjuntamente
con las de la gripe estacional.
Si tenemos en cuenta que cada
año mueren sólo en Europa entre
40.000 y 220.000 personas por
causa de la gripe estacional, nos
podemos plantear si la campaña
informativa y sanitaria que están
llevando a cabo las diferentes
autoridades es ajustada a las
necesidad derivadas de la virulencia
del virus o si hay otros
intereses económicos que
pueden ser determinantes.
Situación de las empresas
farmacéuticas
Las empresas farmacéuticas están
jugando un papel muy importante en
todo el proceso desencadenado desde
la declaración de la existencia de
un nuevo virus responsable de la nueva
gripe A. Un pequeño análisis de su
situación nos puede dar algunas pistas
y hacernos entender algunas de
las medidas que se están llevando a
cabo y las declaraciones de las autoridades
político-sanitarias como las de
la Dra. Margaret Chan máxima responsable
de la OMS y de los diferentes
ministros de sanidad.
Riqueza y poder de las
grandes compañías
farmacéuticas
El extraordinario incremento del poder
político y económico de las grandes
compañías farmacéuticas de los
Estados Unidos se inicia con la ley de
extensión de las patentes (Ley Hatch-
Waxman) que la mayoría republicana
de la era Reagan aprobó en 1984, y
se consolidó con la creación de la
Organización Mundial del Comercio (OMC) en 1994, destinada a asegurar
que la globalización no representara
ninguna amenaza para los
intereses del gran capital. Esto significa
poder asegurar su monopolio
sobre tratamientos esenciales para
la supervivencia de millones de personas
y condenar a la muerte a
quienes no pueden acceder a ellos
por carencia de recursos. Como
caso más relevante, por el número
de víctimas, es la medicación para
el tratamiento del SIDA, una de las
peores pandemias, que afecta a
más de 40 millones de personas,
de los que 30 viven en África sin
acceso a la medicación.
Los márgenes brutos de esta industria
son del 70 al 90% y su tasa de
beneficio es la más elevada de todas
(según la revista Fortune, el año 2000
fue del 18,6%, por delante del 15,8%
de los bancos comerciales).
En EEUU, los grupos de presión
son muy influyentes y determinan,
en muchas ocasiones, decisiones
y acuerdos políticos. El lobby de
las compañías farmacéuticas (La
PhRMA) contaba en el 2000 con
297 lobbysters profesionales, es
decir, un para cada dos congresistas.
En el 2002 la PhRMA financió
el trabajo de 675 lobbysters, lo que
significa que en Washington había
trabajando más promotores de los
intereses de las compañías farmacéuticas
que congresistas. Esto ha
hecho posible que estas compañías
hayan conseguido ventajosas condiciones
que les han permitido dominar
progresivamente el mercado
mundial: el 60% de las patentes
son del EEUU en comparación con
el 20% de la Unión Europea.
Crisis actual de las
compañías farmacéuticas.
La capacidad innovadora de las
grandes compañías farmacéuticas
ha disminuido progresivamente en
los últimos años. Según constata
The Wall Street Journal, en el 2003
las acciones de las empresas habían
estado perdiendo valor durante
más de un año. El estudio
prospectivo realizado por la consultora
de IBM concluyó que «el
beneficio por acción que ofrecieron
los 20 primeros laboratorios mundiales
a sus accionistas, que durante
el periodo 1993-98 había sido
del 28% por término medio, cayó
al 4-5% en los cinco años siguientes
».
Otra dato significativo es la frecuencia
y el volumen de las fusiones
que se han producido entre las
grandes compañías en los últimos
años. En el 2002 Pfizer se convierte
en el primer laboratorio mundial
al tener el 11% del mercado global.
Estas fusiones tienen como
principio rector la concentración de
capitales y conseguir aumentar de
nuevo la tasa de beneficios que se
ha perdido. Para conseguirlo se
subordinan las líneas de búsqueda
a este objetivo, es decir, se potencian
aquellas que dan más beneficios
aunque no sean las más necesarias
desde la perspectiva de las
necesidades sanitarias de la población.
Otro indicador es lo que están
dispuestos a pagar a los pequeños
laboratorios para poder adquirir nuevas
moléculas, que hayan completado
con éxito la fase de estudios
preclínicos, y que antes ellos mismos
tenían capacidad de sintetizar.
En el bienio 1994-96, era de unos
60 millones de dólares y en el bienio
2000-02 esta cifra había aumentado
hasta 148 millones de dólares.
Declaración de pandemia de
gripe y beneficios de las
grandes farmacéuticas.
La declaración de una posible
pandemia, y ya no digamos de una
pandemia, por la OMS, establece
el escenario necesario para que las
diferentes administraciones y organismos
internacionales tengan la
obligación de tomar medidas que
representan una gran inyección de
capital público en la gran industria
farmacéutica.
Los noticiarios de los diferentes
medios de comunicación e internet
se han convertido en el principal
instrumento de presión propagandística.
Durante la primavera y verano del
2005 los noticiarios hacían el seguimiento
detallado del número de
personas afectadas por el virus de
la gripe aviar H1N5. El mes de septiembre
de aquel año la OMS declaró
que si el virus mutaba podían
morir 7,4 millones de personas. En
noviembre del mismo año George
Bush declara que sólo en los EEUU
podían morir 2 millones de personas.
En junio de 2006 la OMS declaró
que se había dado el primer
caso de transmisión entre humanos
de la gripe aviar H1N5 que afectó
a 8 personas y ninguna de ellas
murió, no obstante, la OMS ante
esta noticia declaró una posible
pandemia de gripe aviar.
El miedo que ocasiona que el presidente
de los EEUU anuncié que
habrá 2 millones de muertes sólo en
EEUU pide una rápida respuesta que
lo tranquilice y no permite valorar el
impacto económico de la medida.
Así, ya en el mes de junio del 2005
(a un año de que la OMS declarara
una posible pandemia -que nunca
se produjo-) Bush anunció que destinaría
7.100 millones de dólares para
prevención y para la adquisición de
medicamentos de los que 1.200
millones de dólares estaban destinados
a adquirir 20 millones de dosis
de Tamiflú. Pero, ¿que hay detrás
del Tamiflú? El Tamiflu fue
patentado por GILEAD como medicamento
antiviral y comercializado
posteriormente por Roche a cambio
de un 10% de los beneficios de
las ventas. Donald Rumsfeld presidió
la compañía GILED hasta el 2001
cuando fue nombrado Secretario de
Defensa. El Tamiflú fue adquirido en
grandes cantidades por las administraciones
sanitarias de muchos países
cuando la OMS anunció en julio
del 2006 la probabilidad de que ya
se hubiera producido la transmisión
entre humanos de la gripe aviar
H1N5 y que podíamos estar ante
una pandemia. La mayor parte de
las dosis siguen almacenadas en los
centros hospitalarios, aunque ahora
se ha incrementado todavía más
su stock.
¿Pero es realmente eficaz el
Tamiflú?. Según declaraciones del
Dr. Joan-Ramon Laporte Director
del Insitut Català de Farmacología
y Jefe del Servicio de Farmacología
del Hospital del Valle Hebrón de
Barcelona «Los antivirales, Tamiflú
en concreto, que es el que se ha comprado aquí, no son una arma
médica ni sanitaria, ni farmacológica.
Tal vez se podía dar a personas con
neumonía muy grave, pero es un
fármaco poco eficaz. Quizás puede
reducir la duración de la gripe
de 4,5 a 3,2 días. Es muy delicado
utilizarlo como preventivo de la gripe
para toda la población. Sus efectos
secundarios son potencialmente
muy graves, digestivos y
neuropsiquiatricos».
Declaración de la pandemia
de la gripe A
El virus A H1N1/cepa S-OIV, responsable
de la «gripe nueva» ostenta
el récord de tiempo –no llega a dos
meses- entre ser identificado y ser
declarado el responsable de una
posible pandemia a nivel mundial.
Los primeros dos casos conocidos
de gripe nueva (virus A H1N1/
cepa S-OIV)) se diagnosticaron en
California el 17 de abril de 2009.
La gripe nueva no es nueva porque
sea del tipo A, ni tampoco porque
sea del subtipo H1N1; la epidemia
de gripe de 1918 (la denominada
gripe española y responsable
la muerte de entre 25 y 50 millones
de personas) fue del tipo A
H1N1/ y desde 1977 los virus A
H1N1/ forman parte de la temporada
de gripe de cada año. Lo que
es nuevo es la cepa S-OIV.
En Europa, entre los años 2007 y
2008, la gripe estacional se caracterizó
por la aparición de múltiples
casos producidos por el virus de la
gripe tipo A H1N1.
En México, desde mediados de
marzo de 2009 aparecen casos de
gripe con un cuadro clínico similar a
los detectados anteriormente de la
gripe tipo A. Pero en estos casos, a
las pocas horas de los síntomas,
evolucionan a un síndrome de insuficiencia
respiratoria aguda. El 23
de abril, el Secretario de Salud Federal
decretaba la suspensión de las
clases en todas
las escuelas
de la ciudad
y el área met
r o p o l i t a n a
para intentar
evitar una propagación
del
virus y se recomendaba
a la
población la utilización
de
mascarillas. El
24 por la mañana
el Secretario
de Salud de Ciudad de México
decretaba el cierre de cines,
teatros, bares, restaurantes y centros
nocturnos, estadios
deportivos,etc.
México se convirtió aquellos días
en la portada de diarios y noticiarios
televisivos y en boca de todo el
mundo estaba «la epidemia» de la
nueva gripe.
Una enfermedad infecciosa se
considera una epidemia cuando se
propaga algún tiempo por un país y
afecta simultáneamente a un gran
número de personas. A 7 de mayo
del 2009, en México se habían confirmado
1204 casos y 42 muertes,
cifras inferiores a las de la gripe
estacional. Quizás las cifras no son
las que podíamos pensar si realmente
se tratase de una epidemia,
pero la repercusión en todos los
medios de comunicación de cada
nuevo caso en cualquier rincón del
mundo permitió crear un escenario
de temor generalizado y una sensación
de encontrarnos ante un inminente
«apocalipsis».
El 29 de abril, la Dra. Margaret
Chan emitió un comunicado en el
que indicaba que tras evaluar las informaciones
disponibles, y tras realizar
diferentes consultas a los expertos,
decidía elevar a 5 el nivel de
alerta por peligro de pandemia. Sólo
hacía 12 días que el Centro para el
Control de Enfermedades de los
EEUU había alertado del nuevo virus
aislado y que este era el responsable
de la nueva gripe en México y
de los dos primeros casos confirmados
en California (EEUU).
Según el protocolo que marca las
fases de una enfermedad, se activa
la fase 5 cuando la enfermedad ha
desarrollado foco autónomos en más
de dos países en una misma región,
lo que indica «una señal de la inminencia
de una pandemia» y de que
queda muy poco tiempo para prepararse
para poder hacerle frente. En
ese momento todos los países que
forman parte de la OMS tienen que
activar de forma inmediata los procedimientos
para enfrentarse, y tienen
que estar alerta ante posibles brotes
inusuales de síntomas gripales y
de neumonías graves.
Mes y medio más tarde, el 11 de
junio de 2009, la Dra. Chan declaró
la fase 6, esto es, la declaración
de pandemia con un inminente riesgo
de propagación mundial.
La palabra pandemia llena de
preocupación y desazón a quien la
escucha, pero ¿cómo se podía declarar
una pandemia con los datos
que se tenían a principios de junio?
La respuesta la tenemos en el cambio
de su definición por parte de la
OMS en mayo del 2009. Hasta
mayo del 2009, para declarar una
pandemia hacía falta que muriera
una proporción significativa de la
población a causa de un agente infeccioso;
este requisito –que es el
único que da sentido a la noción clínica
de pandemia y a las medidas
políticas que se le asocian- fue eliminado
de la definición; esto es el
que permitió que el 26 de abril los
EEUU se declararan en «estado de
emergencia sanitaria nacional»
cuando en todo el país sólo había
habido 20 personas infectadas por
la gripe nueva y ninguna de ellas
había muerto. Declarar el estado de
emergencia permite dictar normas
para actuar sobre la población.
La declaración de pandemia abrió
la carrera para la obtención de la
vacuna en el mínimo tiempo posible.
Ahora ya está a punto de comercializarse
por parte de varios laboratorios,
entre ellos la farmacéutica
suiza Novartis.
Se ha conseguido tener en el
mercado la nueva vacuna minimizando
los ensayos clínicos para poder
estudiar sus efectos secundarios.
La presión del gran lobby farmacéutico
ha conseguido la inmunidad
legal ante los posibles efectos
secundarios de la vacuna.
En una entrevista, el Dr Joan-
Ramon Laporte, responde a la pregunta
«¿Se han excedido las expectativas
sobre el peligro de la gripe
A? Se ha exagerado. Hay mucha
gente interesada en exagerar los
riesgos de la gripe A: todos los que
venden algo relacionada con ellos,
desde fármacos hasta antivirales,
vacunas o mascarillas. La epidermis
de esto son los medios de comunicación.
Corre demasiada información
no seleccionada y la gente
se ha intoxicado.
«¿Y por qué se exageraría? Porque
estamos ante una enfermedad
que afecta a los países ricos. La
OMS ha encontrado en esta gripe
una forma de recuperar un
protagonismo perdido, aunque es la
entidad mundial con más autoridad
moral. Hace 15 años era el único
organismo que actuaba en política
sanitaria, pero han aparecido otras
con mucho más presupuesto. La
gripe A es su panacea.»