Es ésta una época extraña, de
rotura parcial de las expectativas de
que el capitalismo y el imperialismo
iban a ofrecer – en esta parte del
mundo – el bienestar material a las
masas de trabajadores y trabajadoras.
El estado español «iba bien»
subido en el carro del euro, la OTAN,
la «modélica» transición y supuestamente
rumbo de la economía del
conocimiento. La otra cara de la
moneda, silenciada, eran los pisos
a pagar en 40 años, con hipotecas
que se llevaban un sueldo entero.
Salarios que ya hace mucho bajaron
por debajo de los mileuristas.
Contratos de trabajo de meses, de
días y de horas, con otros meses,
días y horas sin trabajo entre ellos,
y en los tiempos de mayor euforia
económica la pobreza sin disminuir,
estancada alrededor del 20% de la
población. Cientos de miles de trabajadores
y trabajadoras
inmigrantes sin papeles, en condiciones
de semiesclavitud. Los gobiernos
del PP de Aznar inflaron la
burbuja inmobiliaria, al igual que el
primero del PSOE de Zapatero.
Zapatero vuelve a ganar las elecciones
en Marzo de 2008, con
Solbes negando la existencia de la
crisis, y elabora unos presupuestos
para 2009 en consonancia, con ingresos
previstos que han resultado
ser en la realidad un 21% inferiores.
La crisis española es detonada
por la crisis mundial y el cierre del
crédito acaba con la burbuja inmobiliaria.
Pero la crisis española queda
escondida por la crisis mundial
si no es por el comportamiento del
paro que más que duplica el de los
países de nuestro entorno económico.
La crisis propiamente española
también queda escondida por
la inexistencia de una ley de quiebras
familiares como en Alemania,
que permita a las familias
sobreendeudadas negociar unos
pagos adaptados a sus ingresos, o
como en EEUU, en el que la familia
hipotecada devuelve las llaves de la
casa al banco y se queda sin casa
y sin deuda. Sin ser deseable, en el
estado español es peor: si tu piso
llega a subastarse (ámbito en el que
se movieron desde el franquismo las
mafias de ultraderecha), se pierde
el piso y la subasta llega aproximadamente
al 20% del valor del piso, y
el resto de la deuda se debe hasta
la muerte (con embargo de nóminas)
o se exige a los avalistas. De
esta manera, las familias están absorbiendo
parte del choque que en
EEUU también reciben los bancos.
El paro «oficial» en el 20% ha convertido
al estado español – que ya
tenía la burbuja inmobiliaria mayor del
mundo, respecto al PIB y a los salarios
– en la mayor acumulación de
hipotecas «subprimes». La banca ha
recibido ayudas y avales que juntos
equivalen a la suma de las partidas
de pensiones, pago de la deuda y
transferencias a otras administraciones
del presupuesto del estado de 2009 y ha empezado a cerrar oficinas,
a despedir y a prejubilar en unas
reducciones de plantillas que afectarán
a decenas de miles de trabajadores.
Mientras, ha conservado
casas y pisos de aquellos que no
pueden pagar, convirtiéndose en
grandes empresas inmobiliarias,
manteniendo los precios por encima
de donde estarían dejando actuar
la oferta y la demanda. Diversos
economistas burgueses se extrañan
de que no haya habido quiebras
bancarias en el estado español
hasta el momento. De hecho,
el millón de viviendas vacías sin vender
ni alquilar, y los cuatro millones
de trabajadores y trabajadoras en
paro, alejan por varios años el momento
de la «recuperación», si se
produce. A partir de ahí, pueden
producirse estas quiebras, y si se
continua en la pauta de EEUU o de
otros países occidentales y del estado
español de socializar las pérdidas,
se ha empezado a producir
una deuda pública ilegítima. El estado
español parte en 2008 de niveles
bajos de endeudamiento público
respecto al PIB – otra cosa
sería si añadiéramos la deuda privada
de familias y empresas – de
aproximadamente la mitad de la
media de los países de la zona euro.
Pero el estado no puede ni debe
convertirse en el seguro de los negocios
privados y grandes fortunas,
que por otra parte evaden legal e
ilegalmente de manera sistemática
los impuestos. Estas ayudas y rescates
se deciden al margen de los
presupuestos, en medio de campañas
de miedo económico. Pero
el debate de la contribución de cada
clase social al dinero público no interesa
ni a la patronal ni al gobierno,
como tampoco el debate sobre
los «rescates» a empresas y bancos.
Los debates que interesan a
patronal y gobierno son los que
culpabilizan a los trabajadores de la
crisis: que los parados no buscan
trabajo, que el despido es demasiado
caro, que la factura de las
prestaciones y subsidios de paro es
demasiada alta (20.000 millones en
2009, comparemos con los 160.000
millones de ayudas a bancos). Respecto
al eterno escaqueo de empresas,
rentas altas y grandes fortunas
de los impuestos, no sólo no
se tocan las SICAV (falsos fondos
de inversión con testaferros – falsos
inversores- y que tributan el 1%,
sólo aptas para las grandes fortunas,
en los que están 25.000 millones
de euros), sino que Zapatero
acabó con el impuesto de Patrimonio,
en el que el 40% de la recaudación
lo pagaban aquellos con
patrimonio mayor de un millón de
euros, además, en octubre se han
creado las SOCIMI, nuevo chollo fiscal
(ver links). El resumen es que al
final de la borrachera de beneficios
de los últimos 15 años de burbuja
inmobiliaria, beneficios que están
privatizados y a resguardo en cuentas
privadas en el estado español o
en otros paraísos fiscales, la culpa
es del parado de larga duración que
con más de 40 años ya no tiene
expectativa de ser contratado, del
joven que no consigue más que
contratos por días o del trabajador
inmigrante, a todos los cuales se trata
de delincuentes mientras se recuerda
lo que vale pagarles la prestación.
Mientras, nos endosan las deudas
de las grandes empresas y paralelamente
nos indican que no hay
dinero para las necesidades de los
trabajadores y trabajadoras. No son
nuestros presupuestos. No es nuestro
gobierno.
Los trabajadores y trabajadoras
ya hemos descubierto la profundidad
de la crisis que Solbes y sus
herederos hacen como si les sorprendiera
día a día. Estos presupuestos
vuelven a hacer proyecciones
irreales que no van a cumplirse,
de manera que antes del verano
faltarán ingresos y los gastos se
sobrepasarán (ver links). En la estrategia
del capital de gestión de la
crisis, nada mejor que ayudar a
crear situaciones dramáticas para
justificar medidas de ajuste. Debemos
darnos cuenta claramente que
los caminos de la clase obrera y de
la burguesía y sus gobiernos para
solucionar la crisis no llevan al mismo
resultado.
Las movilizaciones
hasta converger en una huelga
general en contra de los despidos
y de la reforma laboral son un paso
hacia nuestra solución. Los despidos,
la reforma laboral y los rescates
de empresas y bancos son la
solución burguesa.
Nota:
En estos dos links se abren unas diez
webs o artículos en cada uno de ellos.
Citarlos no implica avalar la línea política
de la web o del autor.
http://1link.in/xcmii
http://1link.in/bneht