Un año después de los ataques
israelíes contra la población
de Gaza, que asesinaron a
1.400 palestinos, la franja
sigue sometida a un brutal
bloqueo económico. Impuesto
hace casi cuatro años como
castigo colectivo por unas
elecciones que llevaron a
Hamás al gobierno, el bloqueo
de EE. UU., la UE, la ONU y
Rusia no ha aflojado ni tan
solo después de la destrucción
masiva de casas,
infraestructuras de agua y de
electricidad y la red sanitaria,
en la operación más sangrante
del ejército israelí desde 1967.
El bloqueo ha generalizado el
paro y la miseria, la falta de
alimentos y medicamentos
básicos y ha impedido la
reconstrucción de casas y
hospitales, y de las
infraestructuras de agua y
electricidad. A la política de
ahogo de la gente de Gaza se
añade ahora Egipto, que
construye un muro de acero
subterráneo para romper el
único hilo que conecta la
franja con el exterior: la red de
túneles construidos bajo
tierra.
Israel controla tres lados de
Gaza: el norte y el Este están cerrados
por el ejército, y el oeste (la
costa) por la marina israelí que no
permite ni siquiera trabajar a los
pescadores. La cuarta frontera, al
sur, está controlada por Egipto y
un comando internacional de la
UE. Es aquí donde durante estos
años de bloqueo han proliferado los
túneles que ahora Egipto pretende
cortar con un muro subterráneo
de planchas de acero de 50 centímetros
de espesor y veinte metros
de profundidad. Si el proyecto se
cumple, toda la frontera de 14 km.
entre Gaza y Egipto quedará sellada.
Y con ella la única válvula de
escape del bloqueo.
El control israelí de los pasos de
mercancías hacia la franja y el bloqueo
internacional hacen que en
Gaza falten gasolina, alimentos básicos,
medicamentos, maquinaria,
materiales de construcción... Las
viviendas destruidas por los ataques
de hace ahora un año se han tenido
que volver a levantar con baldosas
de barro, porque Israel bloquea
la entrada de cemento. Ni tan solo
los hospitales cuentan con equipos
para funcionar, como denuncia Médicos
Sin Fronteras. El 80% de la
población está en el paro porque
se ha cortado la exportación y la
importación y se ha destruido la
economía local. Todo ello para forzar
una revuelta interna contra
Hamás.
Esta situación explica que en la
frontera entre Gaza y Egipto se hayan
excavado unos 400 túneles donde trabajan centenares de personas
que llevan mercancías desde
Egipto hacia la ciudad palestina
de Rafah. Los productos tienen un
precio exorbitante, resultante de
una especulación de la que se beneficia
la pequeña burguesía de la
franja, vinculada a Hamás. Pese a
que la propaganda israelí habla
constantemente de tráfico de armas,
con el bloqueo, la función de
los túneles es económica y está ligada
a las necesidades más básicas
de la población. Quienes trabajan
en los túneles reciben un
buen sueldo para la economía local,
al precio de poner en peligro
sus vidas; pues además de los
constantes ataques de Israel, a
menudo se producen derrumbamientos.
Fabricado con un acero a prueba
de bombas diseñado en EE.
UU., el muro está dotado de
sensores que pueden detectar
movimientos de tierras, armas y
explosivos. Además, tiene un sistema
de tubos interconectados a
30 metros de profundidad que
bombeará agua de mar para inundar
cualquier túnel que sea
excavado por debajo de las planchas
de acero.
La embajada norteamericana en
Egipto ha reconocido el apoyo económico
y tecnológico de EE.UU.
en la construcción del muro subterráneo.
No tenemos que olvidar
que Egipto es el segundo receptor
mundial de ayuda
exterior norteamericana
después de
Israel, sin contar los
gobiernos títeres de
Irak y Afganistán
Egipto bloquea
la Marcha
Internacional
Casi 1.400 activistas
de más de 50
países se reunieron
a finales de diciembre
en Egipto en la
Marcha Internacional
por la Libertad de
Gaza, para denunciar
el bloqueo y participar
en una manifestación
de las org
a n i z a c i o n e s
palestinas de la franja
que había que
celebrar el 31 de diciembre
en el paso de Eretz, en la
frontera con Israel. Egipto ordenó
el cierre del paso de Rafah y sólo
autorizó la entrada de un centenar
de activistas. La aceptación de esta
oferta por parte de los organizadores,
y particularmente de entidades
norteamericanas, partió el movimiento
y las organizaciones
palestinas que apoyaban la movilización
se opusieron a esta maniobra.
Las delegaciones que quedaron
en Egipto organizaron protestas
dispersas y sin coordinación ni
soporte local, que fueron duramene
reprimidas por la policía egipcia.
Destaca la propuesta de la delegación
sudafricana, impulsada por el
Congreso Sudafricano de Sindicatos,
de impulsar una campaña internacional
de boicot a Israel.
Coincidiendo con el primer aniversario
también se dirigió a Gaza el
convoy británico «Arterias de la
vida», dirigido por un diputado laborista,
que consiguió acceder después
de fuertes enfrentamientos con
la policía egipcia.