El efecto catastrófico de la crisis capitalista ha
dejado en Europa 7 millones más de parados en un
año y medio, lo que eleva a 23 millones el número
de europeos sin trabajo, mientras la producción industrial
caía en el mismo periodo un 20%, la peor
bajada desde la II Guerra Mundial. El estado español,
con más de 4 millones de parados, lidera el
ranking, y los efectos de años de crecimiento basado
en la especulación inmobiliaria hacen mucho
más difícil la recuperación.
Pero la crisis, pese a todas las declaraciones sobre
la inminente recuperación, no se acaba aquí.
La pequeña subida de la producción está relacionada
directamente con la enorme cantidad de dinero
público inyectada el sistema y en absoluto con
una reactivación económica y
de la capacidad de compra de
la gente. La posibilidad de consumo
de las familias sigue cayendo
–como no puede ser de
otra manera- en la misma proporción
en que crece el paro
con los cierres de empresas, o
las imposiciones de reducción
de sueldos. En este sentido
contrastan la recuperación de
la bolsa y las ganancias de los
bancos con el recorte del poder
adquisitivo de las familias,
para explicar de manera transparente
a quiénes han ido a
parar las enormes ayudas públicas.
De esta forma los que
han provocado la crisis son
quienes salen mejor parados.
Pero ahora toca pagar la factura
de los millones de dólares
y euros entregados por los gobiernos
a bancos y grandes empresas, y, como
siempre, quieren que sean los trabajadores/as quienes
la paguemos. No hay diferencias sustanciales
entre la política de Obama en los EE.UU. y la de los
gobiernos europeos. Unos y otros apuntan a los
trabajadores/as: contención de sueldos, recorte de
las jubilaciones, reducciones de las partidas para
servicios sociales. Es en este marco donde el Gobierno
presenta el incremento de la edad de jubilación,
en un momento en que la caja de la seguridad
social da beneficio y crece el paro. Pero el aumento
de la edad de jubilación y la reforma laboral
que preparan no son más que la punta del iceberg
de la ofensiva que Gobierno y patronal preparan
contra los trabajadores/as.
CCOO y UGT hacen lo posible por evitar la convocatoria
de huelga general. En las manifestaciones
contra la subida de la edad de jubilación, decenas
de miles de trabajadores/as llenaban las calles.
No faltaron las consignas sobre la huelga general,
pero no en boca de los dirigentes sindicales mayoritarios.
Lamentablemente no acudieron sindicatos como la CGT- difícilmente podrán llegar a ser una alternativa
quedándose en casa a criticar la manifestación. Canalizar
la exigencia de huelga general, desde las empresas
y en los sindicatos es hoy la tarea central.