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EDITORIAL

Un ataque sin precedentes a la clase obrera

30 de mayo de 2010
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Finalmente el Gobierno del PSOE lanzó la ofensiva contra los trabajadores/as. Durante los últimos meses la dirección socialista se había desgañitado, apoyada por la patronal y los grandes sindicatos, afirmando que España no era Grecia, pero a más lo decían, más evidente era que iba a ir por el mismo camino. Los especuladores aprovechaban la ocasión mientras en los Gobiernos de la UE nadie se atrevía a explicar que todos iban a pasar por el mismo cedazo que los griegos por el miedo al contagio… al contagio de las luchas obreras griegas. Todos querían tener primero en las manos una derrota de la clase obrera griega para enfrentar a sus propios trabajadores/as.

Pero al final pudo más la voracidad de los mercados que el plan controlado por la UE, y la situación se hizo insostenible. El domingo 9 de mayo, la UE y el Banco Central Europeo (BCE) se lanzaban a una operación financiera de protección del euro de 750 mil millones de euros, a la vez que daban luz verde a todos los gobiernos para emprender el mayor ataque a las condiciones de vida de los trabajadores desde la posguerra europea. En pocos días, el plan de «austeridad» griego se extendía como la pólvora por toda Europa con versiones y nombres distintos. La guerra de la UE y los gobiernos contra la clase obrera era ya una ofensiva total.

El Gobierno es consciente – como toda la UE y el BCE- de que esas medidas hunden de nuevo la economía en la recesión, pues si algo estaba evitando una caída mayor de la producción era precisamente el consumo interno, y éste se desplomará con las medidas aprobadas. La decisión de preservar el pago de la deuda del Estado a la banca atenta directamente no sólo a los trabajadores/as sino también al funcionamiento económico mismo: ellos empujan la crisis hacia una segunda depresión.

Zapatero aprobó el «plan de austeridad» que más tarde pasó el trámite parlamentario por un solo voto. Como en Grecia: reducción de sueldos de funcionarios, congelación de pensiones, aumento del IVA un 2%. Como en Grecia, la patronal pide que se traslade la reducción de sueldos a los convenios. Por si esto fuera poco también se fija plazo para un acuerdo de una nueva Reforma Laboral: más precariedad, más abaratamiento del despido, menos cargas para las empresas. La posición de los sindicatos ya está al límite de no terminar de perder la poca credibilidad que les queda ante los trabajadores/as. Anuncian que no van a firmar. El Gobierno dice que si no hay acuerdo sacará la reforma laboral por decreto.

Todo está en manos de las direcciones sindicales. La presión y el malestar de los de abajo sube por momentos. Nos roban a dos manos y nos piden desde el gobierno que estemos quietos, que les comprendamos. Pero de nuevo la división es un recurso para estas situaciones. El debate sobre la huelga general está en la calle y las empresas, ¡pero no!, se convoca sólo a los funcionarios a la huelga, primero el 2 de junio, más tarde el 8. ¿Por qué sólo funcionarios? Se han visto caer dos millones de puestos de trabajo en poco más de año y medio sin que nadie llamara a ninguna movilización general para detener la sangría. Las medidas afectan a más de 5 millones de pensionistas, el aumento del IVA empobrece a todos los trabajadores/ as, pero sólo se llama a los funcionarios, quizás para permitirle al Gobierno el discurso de la insolidaridad de los que tienen empleo estable… La situación es gravísima y no ha hecho más que empezar. No podemos permitir divisiones, fracturas ni desconfianzas entre sectores de la clase trabajadora. Necesitamos toda la unidad y toda la fuerza para detener esta ofensiva. Necesitamos una huelga general.

Pero ¿cómo hacerlo? No hay otro camino que con la partipación en la huelga del 8 de junio, dando la palabra a los trabajadores/ as en asambleas para que se oiga una voz clara y rotunda exigiendo a todos los sindicatos la convocatoria de la huelga general. Es preciso:

· detener las medidas del gobierno: defensa de salarios y pensiones.

· la prioridad es la gente, no el pago de la deuda a la banca. Plan de rescate a las familias hipotecadas y los parados.

· Nacionalización de la banca para poner todos los recursos en un plan de empleo urgente.

Necesitamos la coordinación de las luchas a escala del continente europeo para hacer frente en un bloque a los planes que coordinan la UE y el FMI y que aplican los gobiernos. Necesitamos urgentemente reconstruir la solidaridad y el internacionalismo.

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