Finalmente el Gobierno del PSOE lanzó la ofensiva
contra los trabajadores/as. Durante los últimos meses
la dirección socialista se había desgañitado, apoyada
por la patronal y los grandes sindicatos, afirmando
que España no era Grecia, pero a más lo
decían, más evidente era que iba a ir por el mismo
camino. Los especuladores aprovechaban la ocasión
mientras en los Gobiernos de la UE nadie se atrevía
a explicar que todos iban a pasar por el mismo cedazo
que los griegos por el miedo al contagio… al contagio
de las luchas obreras griegas. Todos querían tener
primero en las manos una derrota de la clase
obrera griega para enfrentar a sus
propios trabajadores/as.
Pero al final pudo más la voracidad
de los mercados que el plan
controlado por la UE, y la situación
se hizo insostenible. El domingo
9 de mayo, la UE y el Banco
Central Europeo (BCE) se lanzaban
a una operación financiera
de protección del euro de 750
mil millones de euros, a la vez
que daban luz verde a todos los
gobiernos para emprender el
mayor ataque a las condiciones
de vida de los trabajadores desde
la posguerra europea. En pocos
días, el plan de «austeridad»
griego se extendía como la pólvora
por toda Europa con versiones
y nombres distintos. La guerra
de la UE y los gobiernos contra
la clase obrera era ya una
ofensiva total.
El Gobierno es consciente –
como toda la UE y el BCE- de
que esas medidas hunden de
nuevo la economía en la recesión,
pues si algo estaba evitando una caída mayor
de la producción era precisamente el consumo interno,
y éste se desplomará con las medidas aprobadas.
La decisión de preservar el pago de la deuda del
Estado a la banca atenta directamente no sólo a los
trabajadores/as sino también al funcionamiento económico
mismo: ellos empujan la crisis hacia una segunda
depresión.
Zapatero aprobó el «plan de austeridad» que más
tarde pasó el trámite parlamentario por un solo voto.
Como en Grecia: reducción de sueldos de funcionarios,
congelación de pensiones, aumento del IVA un
2%. Como en Grecia, la patronal pide que se traslade
la reducción de sueldos a los convenios. Por si
esto fuera poco también se fija plazo para un acuerdo
de una nueva Reforma Laboral: más precariedad,
más abaratamiento del despido, menos cargas para
las empresas. La posición de los sindicatos ya está al
límite de no terminar de perder la poca credibilidad
que les queda ante los trabajadores/as. Anuncian que
no van a firmar. El Gobierno dice que si no hay acuerdo
sacará la reforma laboral por decreto.
Todo está en manos de las direcciones sindicales.
La presión y el malestar de los de abajo sube por momentos.
Nos roban a dos manos y nos piden desde el
gobierno que estemos quietos, que les comprendamos.
Pero de nuevo la división es un recurso para
estas situaciones. El debate sobre la huelga general
está en la calle y las empresas, ¡pero no!, se convoca
sólo a los funcionarios a la huelga, primero el 2 de
junio, más tarde el 8. ¿Por qué sólo funcionarios? Se
han visto caer dos millones de puestos de trabajo en
poco más de año y medio sin que nadie llamara a
ninguna movilización general para
detener la sangría. Las medidas
afectan a más de 5 millones de
pensionistas, el aumento del IVA
empobrece a todos los trabajadores/
as, pero sólo se llama a los funcionarios,
quizás para permitirle al
Gobierno el discurso de la
insolidaridad de los que tienen empleo
estable… La situación es
gravísima y no ha hecho más que
empezar. No podemos permitir divisiones,
fracturas ni desconfianzas
entre sectores de la clase trabajadora.
Necesitamos toda la
unidad y toda la fuerza para detener
esta ofensiva. Necesitamos
una huelga general.
Pero ¿cómo hacerlo? No hay
otro camino que con la
partipación en la huelga del 8 de
junio, dando la palabra a los trabajadores/
as en asambleas para
que se oiga una voz clara y rotunda
exigiendo a todos los sindicatos
la convocatoria de la
huelga general. Es preciso:
· detener las medidas del
gobierno: defensa de salarios y pensiones.
· la prioridad es la gente, no el pago de la deuda
a la banca. Plan de rescate a las familias hipotecadas
y los parados.
· Nacionalización de la banca
para poner todos los recursos en un plan de empleo
urgente.
Necesitamos la coordinación de las luchas a escala
del continente europeo para hacer frente en un
bloque a los planes que coordinan la UE y el FMI y
que aplican los gobiernos. Necesitamos urgentemente
reconstruir la solidaridad y el
internacionalismo.