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A propósito del movimiento de apoyo al juez Garzón y la investigación de los crímenes franquistas

Franquismo hoy

29 de mayo de 2010
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Junto a los nuevos problemas planteados por el desarrollo dependiente del capitalismo en el estado español, como los creados por las burbujas financieras, vuelven (y volverán) a aparecer los problemas de la revolución burguesa históricamente no resueltos ni por la república, ni por el franquismo –que directamente los aplastó con el aparato militar y represivo- ni por la monarquía que, como heredera directa del régimen franquista, le lavó la cara, y mantuvo intacto lo fundamental bajo una capa de «maquillaje democrático». Pero ese maquillaje deja ver con creciente frecuencia lo que intenta ocultar, como muestra el caso de la demora de más de 3 años del Tribunal Constitucional para pronunciarse sobre la tímida reforma del Estatut de Catalunya, sobre la que el Tribunal Constitucional no sabe qué sentencia dictar sin provocar una crisis política, y sin poner en evidencia la esencia franquista del estado monárquico. El «caso Garzón» es otra muestra de ello.

La pervivencia del régimen franquista

Tal como analizamos en el suplemento de este número de LI, la denominada «transición» consistió en mantener lo fundamental del franquismo, conservando intactos los resortes esenciales del régimen, sus instituciones y las clases y sectores sociales que lo constituían, cambiando al Jefe del estado, Franco, por el monarca Juan Carlos I. Para ello tuvieron que ahogar las luchas de los trabajadores mediante consecutivos pactos sociales y reformas laborales, que han reducido en gran medida lo que esas luchas habían conquistado. También fue necesario aislar y perseguir las luchas de las nacionalidades históricas por sus derechos nacionales.

Y todo ello se llevó a cabo con el acuerdo de PCE y PSOE, junto a los sindicatos CCOO y UGT, que optaron por esa forma de transición –»cambiando todo para que nada cambie»- traicionando lo que ellos mismos habían defendido bajo el nombre de» ruptura democrática». Se mantuvieron los mismos jueces, los mismos cuerpos policiales y militares responsables de torturas y asesinatos, las mismas prisiones y tribunales. Y también los mismos banqueros y grandes empresarios que se beneficiaron económicamente de la dictadura. Unos reconvertidos en gerentes de multinacionales que participan en el saqueo de América Latina, África y otras zonas, o se enriquecen al amparo de las operaciones militares en Irak, Afganistán, Haití y Oriente Medio; y otros en dueños de grandes bancos, fundaciones y empresas, que han continuado creciendo bajo la monarquía, a la sombra del poder, y con el importante apoyo de los sucesivos gobiernos que no han dejado de proporcionarles fondos y ayudas, y que han diseñado las leyes y la política económica a su medida y en su beneficio.

Lo mismo se aplica a la política agrícola, practicada en beneficio de los grandes latifundistas y supeditada a los intereses de las burguesías de países más poderosos de la Unión Europea, como Francia y Alemania, empobreciendo a los sectores campesinos, esclavizando la mano de obra inmigrada, destruyendo cultivos, y dejando todavía pendiente la reforma agraria que acabe con el latifundio y la especulación, y racionalice la producción agrícola para ponerla al servicio de toda la sociedad. Precisamente es una de las rémoras de la transición, la Ley de Amnistía de 1977, pactada con PCE y PSOE, la que ahora utilizan los sectores más reaccionarios del espectro franquista contra el juez Garzón. Una ley que significó la liberación de muchos presos políticos antifranquistas y luchadores del movimiento obrero -siempre que no tuvieran penas por «delitos de sangre »-, pero que «a cambio» dejaba impunes los crímenes franquistas – fueran o no de sangre- como «ley de punto final», similar a las de Chile y Argentina de años posteriores. La acusación contra Garzón se basa, precisamente, en que los delitos del franquismo han sido «perdonados» por esa ley y en que él, como juez, lo sabe, por lo que prevarica al promover el proceso.

La Audiencia Nacional y el juez Garzón

En 1977, el Tribunal de Orden Público franquista, tribunal de excepción para la persecución política y sindical, pasó a llamarse Audiencia Nacional, y desde ese órgano represivo Garzón, como juez instructor, ha desarrollado sus actuaciones. Apoyándose en la Ley Antiterrorista de 1987 y en la Ley de Partidos de 2002 ha tenido dos ejes principales:

1) la persecución, aislamiento y criminalización de la lucha nacional de los pueblos catalán y, especialmente, vasco. En este terreno es dónde se han incubado y predicado las teorías de que «todo es ETA», y la criminalización del llamado «entorno de ETA», así como de la juventud combativa y, últimamente, de los sectores sindicales participantes de la lucha por los derechos nacionales. Para ello, el juez no ha dudado en cerrar emisoras de radio y periódicos, o ilegalizar partidos políticos y candidaturas electorales, ni en encarcelar a dirigentes, militantes y simpatizantes de organizaciones independentistas o combativas;

2) la persecución de los inmigrantes árabes y musulmanes, acusándoles de pertenencia a organizaciones terroristas y echando permanentemente el velo de la sospecha de terrorismo sobre ellos, sin reparar en los medios empleados para conseguir esta culpabilización –como en el caso del llamado «Comando Dixán»-, que ha trascendido a la sociedad y forma parte de la ideología xenófoba y racista con que se quiere dividir a la clase obrera.

No defendemos a Garzón, pero sí queremos que se juzguen los crímenes franquistas

Con la política de dar «una de cal y otra de arena», el juez Garzón ha aparecido como gran defensor de la democracia cuando ha intentado juzgar al dictador Pinochet y al general Franco por crímenes contra la humanidad. En el primer caso, complicaciones internacionales dieron al traste con el proceso. En el segundo caso, el hecho de que el culpable de los crímenes, Franco, estuviera certificadamente muerto, hizo al mismo Garzón archivarlo. Desde luego, como luchador por la democracia, el juez Garzón no desarrolla tantas habilidades como en su lucha contra ella. El hecho es que al fin ambos casos han servido para cerrar aquello que, de palabra, pretendían abrir. ¿O acaso era ese el objetivo?

Un inesperado «efecto colateral » vino a complicarle la vida a Garzón: la extrema derecha franquista ha conseguido procesarle por prevaricación, y su inhabilitación está en juego. Esta situación ha provocado un movimiento de solidaridad con el juez, promovido por los sectores de la izquierda política y sindical que pactaron la transición española.

A nuestro juicio, esa campaña de solidaridad con el juez cumple un efecto contrario, pues confunde los problemas. Al poner en el centro la defensa de Garzón –indefendible con argumentos democráticos por sus actuaciones, pero injustamente atacado por la extrema derecha y el núcleo franquista de las instituciones-, la campaña relega a segundo plano lo más importante: la investigación y castigo de los crímenes del franquismo, y la pervivencia del franquismo en la monarquía. Por este motivo, como Lucha Internacionalista (LI), nos hemos adherido a dos manifiestos antifascistas contra la impunidad de los crímenes del franquismo, sin dar por ello nuestro apoyo al juez Garzón (Abajo se encuentran las siguientes direcciones de internet)

Desde luego, no podemos saber lo que motivó al juez a realizar estas maniobras, que tanta relevancia mediática le acarrearon en su momento y que ahora le han llevado al atolladero. Pero lo que sí sabemos es que tanto los crímenes del franquismo, como los de la dictadura de Pinochet, aún no han sido juzgados, lo que contribuye a seguir negando los derechos de los miles y miles de familiares y compañeros de lucha de las víctimas de ambas dictaduras, que no tienen nada que agradecerle al juez Garzón.

http://fiimpunitatfranquisme. wordpress.com/

http://www.askapena.org/ ?q=eu/node/897

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