Las caretas han caído y la
realidad se expresa con toda
crudeza. La UE y el «independiente
» Banco Central Europeo
(BCE) aparecen como instrumentos
de coordinación de
esta macroofensiva contra los
trabajadores y trabajadoras.
Primero se trató de salvar a la
banca porque había que evitar
un colapso del sistema financiero.
Podrían haber rescatado
las deudas hipotecarias de las
familias si estas eran las que
tenían el pago más difícil,
podrían haber intervenido la
banca nacionalizándola… Pero
no, se optó por entregar
directamente el dinero a los
bancos para permitir que la
presión que ejercen sobre
familias y empresas endeudadas
no aflojara un ápice. Para
ello, entregaron a la banca
sumas multimillonarias y le
compraron los activos «tóxicos
». Ha sido el mayor expolio
financiero del estado al «rescate
» de la banca privada.
Pero el control de ese dinero se
ponía en manos de la banca que
privada que, antes de intentar prestar
en inversiones al sector productivo
de poca rentabilidad, prefirió
volver a jugar en la especulación y
las bolsas grandes cantidades de
dinero: la bolsa reflotaba mientras
la recesión campaba a sus anchas
y los cierres de empresas y reducciones
de plantillas dejaban en la
calle a dos millones de trabajadores
en el Estado español. El papel
del Gobierno –central y de las comunidades
autónomas- no era otro
que el de ir levantando actas de los
trabajadores despedidos. Podrían
haber intervenido las empresas que
cerraban, para defender los puestos
de trabajo buscando salidas productivas;
pero nada de eso se hizo,
para permitir que la gran empresa
mantuviera el nivel de beneficios. De
nuevo los trabajadores/as, con el
paro, pagaban los platos rotos de
la crisis. Era evidente que el rescate
bancario no se podía pagar con
los recursos habituales de los Estados.
Entonces vino la segunda
parte, se multiplicó el endeudamiento
de los estados ¿con quién? Con
la misma banca que hacía poco se
había «rescatado» y que ha engrosado
el negocio comprando dinero
a bajo interés al BCE y especulando
para disparar el interés de la
deuda de los estados.
La respuesta de la UE y de su
BCE no es intervenir la banca que
antes ha «rescatado», sino exigir a
los estados medidas extraordinarias
para pagar la deuda. Se aprueban
los planes de ajuste, primero en
Grecia, y, por extensión, prácticamente
en toda Europa con diferentes
niveles. En resumen, los trabajadores
debemos pagar ahora los
planes de rescate de la banca, los
créditos que esta misma banca ha
concedido a los estados para financiar
sus planes de rescate, y, además,
las maniobras especulativas
que la banca ha introducido para
conseguir sacar más dinero de esos
créditos.
Para ir acompañando este robo
descarado de la banca sobre los
trabajadores/as, los dirigentes de la
UE y el BCE han tenido que ir cambiando
el discurso: primero fue para
evitar el colapso financiero y la recesión,
entonces se podía gastar
dinero público a espuertas, dejando
a un lado todo el rigor presupuestario;
hoy el problema es el rigor presupuestario.
No importa el discurso
cuando se tiene el poder, el dinero
siempre ha caído –también con la
crisis- del mismo lado, bancos y multinacionales,
por este orden, son
quienes siempre ganan. El orden
poco importa pues en esta época
del capitalismo, la fusión entre capital
industrial y capital financiero es
tan intensa que es imposible delimitar
donde empieza uno y donde
acaba el otro. Está claro que el financiero
domina ampliamente sobre
el primero y todos los demás
sectores productivos.
Mientras, a los trabajadores nos
toca pagar siempre. Pero no hay
manera de escapar de esta lógica
sin poner en cuestión el sistema
capitalista. Se ha visto con meridiana
claridad que cuando los grandes
poderes económicos dictan sus instrucciones,
los gobiernos capitalistas
se pliegan a ellas, sin distinciones
prácticas según los partidos que
los conforman. Ésta es también la
función de los estados que están al
servicio de la protección de sus intereses.
No hay otro camino que
enfrentar sus planes y aunar todos
los esfuerzos para deshacernos
cuanto antes de esta lacra que es
el sistema capitalista.