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Mercados: Pinchando el globo

30 de mayo de 2010
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En las últimas décadas, el carácter parasitario del capitalismo ha impulsado un grandísimo crecimiento de deudas sin respaldo, y este nuevo capital servía para ampliar las diferencias de renta entre clases y entre estados. Las familias, las empresas, los estados, se hallan ahora en una situación en la que los ingresos (que han bajado) no son suficientes en muchos casos para pagar gastos y deuda. Los capitales, ricos, burguesía y estados capitalistas se están dedicando a cerrar negocios cuya previsión sea de pérdidas continuadas o de menores ganancias, o están obteniendo rescates de dinero público y en algunos casos están cambiando el papel– moneda, acciones y/o bonos por bienes tangibles que los protejan de un crack: oro, tierras fértiles o urbanizables, concesiones mineras, plantas industriales. Pero de estos bienes tangibles, unos están subiendo de precio por las compras, y otros están bajando por la crisis y los cierres.

La crisis, si se prolonga, aparte del sufrimiento a los trabajadores y trabajadoras, el paro y el abaratamiento del precio del trabajo, va a provocar una concentración de capitales con la que los más poderosos podrán adquirir parte de los bienes productivos y de vida de los que se verán desposeídos: las familias y los capitales medianos y pequeños.

Estas conductas cazadoras y carroñeras de los capitales se producen tanto cuando «las cosas van bien» como cuando «las cosas van mal». De hecho, cuando dicen que van bien se está alimentando ya la crisis de varias maneras. Una de ellas es lo que los marxistas llamamos «el cambio en la composición orgánica del capital» que significa que la producción es posible con una proporción creciente de capital, tecnología y energía y con menos trabajo humano. Si esto no se corrige produciendo productos y servicios en función de las necesidades sociales y no del beneficio, y redistribuyendo las rentas repartiendo el trabajo, se produce un estreñimiento: los trabajadores y trabajadoras, empobrecidos y endeudados o en paro no pueden pagar para proveer sus necesidades y va «sobrando» capacidad productiva en un proceso que se puede convertir en un círculo vicioso y a lo que podemos llamar depresión para resumir. Otro factor que en las épocas buenas prepara las malas es el uso de recursos naturales por una economía dirigida con criterios cazadores y carroñeros y sin planificación ni prioridades sociales o ecológicas.

Ahora hay sobreproducción de capital, a lo cual el capitalismo históricamente ha respondido con destrucción de fuerzas productivas para volver a crear artificialmente la escasez, como en las guerras, y así poder reconstruir. Esta destrucción implicaría la caída en la pobreza de millones de trabajadores y trabajadoras, el cierre y desmantelamiento de miles de fábricas... pero también tienen que destruir billones de dólares y euros y otras monedas que no tienen respaldo. Una parte de esa destrucción de capital puede producirse en la bolsa: lo que vale 100 puede llegar a valer 1, o puede desaparecer el mercado de un determinado producto, es decir, que ese producto no pueda venderse por falta de compradores. Y puede ocurrir con unos cuantos cracks o como se desinfla un globo con lentitud durante años, o en una combinación.

¿Estamos al principio o al final de ese proceso de quemar capital? Algunas estimaciones indican que desde el principio de la crisis se ha quemado menos del 10% del capital sin respaldo. O sea, la crisis está teniendo la forma de varios cracks con un desinfle de globo entre ellos y estaríamos al principio, no al final, a menos que el capitalismo consiga una recuperación – que sería coyuntural – con el incremento de la explotación de los trabajadores. Pero esa «recuperación» representaría más crisis para nosotros los trabajadores y trabajadoras.

Para entender el tema de la deuda de los estados, de los bancos, de las empresas y de las familias, deberíamos tener un mapa de quién tiene la deuda de quién. En estos esquemas que han empezado a publicarse de manera parcial, se observan fenómenos como que un estado tiene déficit con presupuestos de defensa desorbitados y con un fraude fiscal generalizado de los ricos, que no pagan impuestos.

Ese mismo estado paga rescates a bancos y empresas, los avala, y aumenta la garantía del estado sobre los depósitos por si quiebra el banco. Todo eso produce una mayor deuda de ese estado, que al emitirse es comprada por bancos privados que cogen el dinero prestado por el banco Central Europeo a un interés regalado. Un negocio redondo, pues obtienen intereses superiores para esa deuda. Más tarde, por razones ciertas o por especulación se teme que ese estado no pueda pagar sus deudas. Se organiza un fondo de rescate de la UE de 0,75 billones de euros que a su vez aportarán los estados, aumentando su deuda, que volverán a comprar los bancos privados. Resumiendo, se sale de situaciones de «no llegar a fin de mes» por medio del aumento de los créditos, aunque con todas las operaciones acaban ocurriendo dos fenómenos: primero, que la deuda incobrable se va trasladando a los estados, y segundo, que esos mismos estados que tienen menos ingresos a causa de la crisis, aumentan su déficit y se pretende rebajar los gastos sociales de las cuentas públicas y hacer reformas laborales para rebajar salarios y condiciones.

Pero estos planes de ajuste son recesivos: deprimen la economía, ha sido así en todos los países donde se han aplicado (para ampliar, véase «La doctrina del Shock», de Naomi Klein). ¿Qué es lo que no encaja? Que no somos una gran familia. La burguesía cazadora y carroñera pretende salir de su crisis comiéndonos. La economía tiene que ponerse al servicio de las necesidades de los trabajadores y trabajadoras, y para ello planificarse asignando prioridades. Resistirnos a pagar los platos rotos es ir en la buena dirección.

Nota: En este link se puede descargar un archivo con unas decenas de artículos. Citarlos no implica avalar la línea política de la web o del autor. http://linko.es/sSM

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